"GARRAFA ERA UN HACEDOR DE GRUPOS"
El ex mediocampista de Banfield, Darío Cavallo, recordó a José Luis Sánchez y lo que significaba para el grupo tenerlo de compañero. Además, en una charla con Infobae, repasó su carrera y el rumbo que tomó, tras colgar los botines.
Hoy radicado en Córdoba y dedicado a la Psicología Social,
el ex mediocampista de Banfield, Darío Cavallo, charló con Infobae y repasó su
carrera, atrás de una pelota n° 5. Sus inicios en Gimnasia y Esgrima La Plata y
el aprendizaje que recibió por parte de Carlos Timoteo Griguol, su paso por
Banfield y la convivencia con José Luis “Garrafa” Sánchez y el rumbo que tomó
su carrera, tras colgar los botines. En Solo Banfield, reproducimos la nota que
brindó.
Darío Cavallo es uno de esos especímenes raros dentro del fútbol. En lo que respecta a los estrictamente deportivo se destacó como un laborioso mediocampista que debutó en Gimnasia y Esgrima La Plata y también supo vestir los colores de Banfield, Nueva Chicago, Unión de Santa Fe, Atlético y San Martín de Tucumán. Pero el diferencial lo marca con los estudios que inició sobre el final de una carrera que tuvo que abandonar antes de tiempo por las lesiones.
Se ubicó en una vereda opuesta a la del jugador promedio de hoy, que con muchos millones en su cuenta bancaria tras debutar profesionalmente, desvía el foco y se guía por lo material. Vio siempre el fútbol desde otra perspectiva gracias a Carlos Timoteo Griguol, del que aprendió lecciones con la pelota y de vida. Y por si fuera poco, comparte un lazo sanguíneo por ser su sobrino.
DE LA ESCUELA DEL VIEJO GRIGUOL
“Comprate una casa antes del auto. No andes con celulares.
Estudiá, que es importante. Se puede jugar al fútbol y estudiar al mismo
tiempo”. Los consejos quedaron grabados a fuego en la cabeza del cordobés que
debutó en el 96 con la camiseta del Lobo platense.
En diálogo con Infobae, rememora los finales de los 90 en
Gimnasia junto al Viejo: “Timoteo ha sacado jugadores del equipo porque se
compraban autos y no estudiaban. Hoy no sé si está ese tipo de técnicos que se
meten. Capaz los pibes de hoy te dicen ‘qué te importa lo que hago con mi
plata’. Algunos le hacían caso y otros no, pero el consejo estaba. Se metió en
el corazón del hincha porque estaba en todo. Tenía gente laburando en la
pensión que le avisaba si los pibes iban al colegio y, cuando no aprobaban las
materias, se los reprochaba”.
Otro de los maestros que tuvo en el fútbol Cavallo fue
Víctor Marchesini, quien lo ayudó con su primera inversión cuando tenía 21
años: “Yo ganaba 1.700 pesos en Gimnasia, pero el equipo pasaba por un gran
momento y pude ahorrar bastante con los premios. Lo primero que compré por su
recomendación fueron dos departamentos con cuatro cocheras”.
Es un agradecido a la vida por haber contado con pilares a su lado que le hicieron mantener los pies sobre la tierra. Resulta fundamental tener voces bienintencionadas para no derrochar en tiempos prósperos. Los -prematuros- ricos futbolistas pueden llegar a caer muy bajo si no son contenidos por quienes los rodean: “Conozco muchos casos de compañeros que no estuvieron preparados o no contaron con personas adecuadas a su lado. Que terminaron la carrera y empezaron a perder su patrimonio y calidad de vida. El fútbol te lleva a ganar más plata que tu viejo a los 22 ó 23 años, cuando vos viste que él se rompió el lomo laburando toda la vida y tenés que saber vivir con eso”. La reflexión continuó: “El fútbol está tan globalizado que se manejan números irrisorios, exhuberantes. Siempre se vio al jugador en una isla de vacaciones, con los mejores autos, mujeres y comiendo afuera. Pero es difícil cuando te retirás... Podés caer en la depresión y, si no te tratás, no ves la salida. No le encontrás sentido a la vida y por ahí terminás tomando una decisión que no es la correcta”.
LAS LOCURAS DE JOSÉ LUIS SÁNCHEZ EN PRIMERA PERSONA
Cavallo no se lo había cruzado. Solamente había oído hablar
de él por compañeros y amigos en común. Ya sabía que era un diferente, de esos
rivales a los que uno no podía alcanzar nunca, de los que sabían adónde iba a
ir la pelota antes de que les llegara. Los Gorosito, Beto Márcico, Ortega,
Riquelme, Tito Pompei... Los que ya no abundan.
“Garrafa era un tipo muy ameno, hacedor de grupos. Era el
típico que cuando llegabas te decía ‘lo que necesites, lo tenés’. Se hizo tan
querido por cómo era él, sus locuras, las jodas a los utileros en las
pretemporadas con el Loquito González, Javier Sanguinetti y Lucchetti... Ellos
manejaban el vestuario”, recuerda sobre la temporada 2002/2003 que lo tuvo como
jugador de un Banfield recién vuelto a la Primera División.
Las monerías del talentoso 10 con sus secuaces incluían
desde introducir a los utileros en los baúles de la ropa hasta dejarlos
desnudos en la bodega del colectivo con el que se trasladaban en la
pretemporada: “Era un loco hermoso. Vos ibas al predio de Banfield por Camino
de Cintura y te pasaba por al lado a 200 kilómetros por hora. Tenía un
cuatriciclo con el que se iba a unas rampas cerca de Ezeiza para saltar.
Necesitaba esa adrenalina. En lo futbolístico era crack, pillo. Tenía hablados
a los alcanzapelotas para que le pusieran rápido la pelota antes de patear los
córners. Era capaz de hacerte echar. Era muy vivo y aunque no le tocara jugar
siempre tenía energía positiva”.
El protagonista de esta historia disfrutó al máximo su estadía
en un Taladro conducido por el uruguayo Luis Garisto, que sirvió como base al
de Julio César Falcioni, que dio el salto de calidad. Recién se percató del
tamaño de la figura de Garrafa en una fiesta del club a la que fue invitado y
en la que los fanáticos ovacionaron cada jugada del zurdo en pantalla gigante.
“Murió a su manera, en una moto y haciendo cosas raras. A un
loco eso no se lo ibas a sacar. ¿Qué le ibas a decir? Son decisiones o formas
de ser. No nos parecía meternos en su gusto personal porque era un tipo grande.
Las muertes espontáneas son más chocantes. Cuando se trata de una enfermedad,
tenés la posibilidad de prepararte e ir masticándolo. Cuando pasa algo así,
repentinameante, te pega y te hace pensar ‘por qué no lo disfruté más’”.
Una mueca triste se apodera del semblante de Cavallo al repasar en su mente la salida del equipo al lado de Sánchez con sus respectivas hijas en brazos. Pudo darse el gran gusto de cruzarlo una vez más en un Banfield-Chicago y se quedó con un trofeo invaluable: la número 10 naranja con mangas largas del Taladro, una de las pocas camisetas que le quedaron tras una entradera que sufrió en su hogar.
LAS LESIONES, EL RETIRO Y LA PSICOLOGÍA SOCIAL
Después de un par de años en Nueva Chicago, Cavallo se mudó
a Santa Fe para afrontar la B Nacional con la camiseta de Unión. Una rotura de
ligamentos cruzados de rodilla trastocó sus planes. Desde allí la articulación
no volvió a ser la misma y su carrera empezó a ser más sufrida que disfrutada:
“Terminé dejando el fútbol a los 33 años y para mí fue una tragedia. Estaba
medio cansado porque me había ido de casa a los 17 y el último año en Atlético
Tucumán (Argentino A) los viajes eran en micro y muy largos. Yo era de correr
mucho y me costaba recuperarme, tardaba uno o dos días”. El clic en su cabeza
fue cuando se vio solo en Tucumán ejercitando en una vieja máquina para
cuádriceps llena de excremento de paloma sin un médico ni kinesiólogo a
disposición.
Para colmo de Atlético pasó directamente a San Martín (B
Nacional), sin escalas, algo que cayó muy mal entre los fanáticos del Decano:
“Fue una de las peores decisiones que tomé en mi vida. Me puteaban en la calle,
recibía mensajes de texto con amenazas de muerte y deseándome las peores
enfermedades. Paseaba por la calle con mis hijas y escuchaba ‘la puta que te
parió’, ‘te vamos a matar’... Por suerte no pasó nada, pero perdí el respeto
que había ganado en Atlético. Yo no fui a San Martín para hacer la contra, pero
en Atlético no me renovaron, tenía a mi hija recién nacida y estaba cómodo en
la ciudad”.
De la desazón y frustración a su reiniciación como
profesional. La transición del Cavallo futbolista a entrenador se desarrolló en
el lugar de donde es oriundo: el club cordobés Las Palmas. El Indio Jorge
Solari, al que tuvo como DT en Atlético Tucumán, le refrescó muchos de los
conceptos que había absorbido con Griguol y se decidió. Colgó los botines en
octubre de 2007 y en enero de 2008 adoptó su nueva función.
El cordobés armó un cóctel interesante y complementó la
carrera de director técnico con la de psicólogo social, en la que cursó con el
Colorado Facundo Sava, ex compañero en las inferiores de Ferro. Fueron 5 años
arduos pero que valieron la pena: “Es una carrera movilizadora porque vas para
atrás, para adelante... Yo hice la tesis en una pensión de fútbol, el espacio
en el que me tocó vivir a los 17 años. Me había planteado muchas veces largar
todo. Mi noviazgo con la que hoy es mi señora fue a la distancia durante 6
años. Era hablar por teléfono público porque ni había celular”.
Para Cavallo la psicología social es un complemento
magnífico pese a que no ejerza. Permite identificar a los líderes y portavoces
de un grupo, lo emergente, lo que se oculta. Facilita una lectura grupal. Es
una herramienta más para comandar un plantel.
Tras sus experiencias en inferiores, liga cordobesa, AFA,
ayudante de campo de Sava en San Martín de San Juan y entrenador de la Reserva
de Belgrano (inclusive dirigió un partido por Copa Argentina como interino en
la Primera) aguarda por una nueva oportunidad en el fútbol grande. Y mientras
tanto despunta el vicio con el buzo de DT puesto al lado de Juan Carlos Olave
en su querido Las Palmas, al que le enderezaron el rumbo en la actual campaña
de liga local.
FUENTE: Infobae.com
Publicado el: 15/10/2019
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